—por Belén Colunga Solis

Si este lugar pasa a otras manos esperamos que conserve el aspecto cultural y no se convierta en un lugar gentrificado con sabor a anciano; que pinten las paredes de colores, verdecitas con matitas y una música de Rocío Durcal de fondo. Nada que ver con lo que era el Pluma Blanca hace 20 o 30 años atrás.-𝐋𝐮𝐢𝐬 𝐃𝐨𝐦𝐢𝐧𝐠𝐮𝐞𝐳 “𝐁𝐞𝐤𝐞𝐬”

Se corrió el rumor de que el Bar Pluma Blanca, uno de los más antiguos de Hermosillo (1932) cerraría sus instalaciones y probablemente el último fin de semana de enero del año 2025 se convertiría en el último en el que el bar estaría abierto.

Además de sentir pena por la pérdida, curiosidad y, como muchos, la sensación de que quizás sería la última vez que podría tomarme una caguama ahí y ver a uno o más amigos o conocidos “de antes”, personalmente fui a encontrarme con Luis Domínguez, mejor conocido como el Bekes, empleado de fines de semana y responsable de coordinar y gestionar las intervenciones de arte en sus diferentes expresiones que en este lugar se exponen.

Bekes es integrante y precursor del Colectivo Más Humanos, la primer banda consolidada de reggae en Hermosillo, con marcada influencia en la cultura alternativa local y en la escena del reggae como género musical y movimiento social; es además una fuente confiable de información en relación al bar, lo cual se convirtió en el pretexto perfecto o necesario para acudir al magno evento que, como dijo Fidel cuando llegó en su bici: “esto parece el 2004”.

Antes de que Los Vecinos Incómodos iniciaran, le pedí al Bekes me respondiera algunas dudas y complementar la poca información que tenía. Durante la noche, todos hablaban del tema en sus diferentes versiones y perspectivas. Me acerqué a alguien que contaba sus vivencias y no dudé en prender la grabadora del celular. Aunque no quería que lo entrevistara, al final accedió con la condición de que no dijera su nombre; lo que me dijo fue importante, sin embargo, se quedó a medias porque “le dió la pálida” y tuvieron que llamar a la Cruz Roja.

Mientras se atendía la emergencia, también platiqué con Ramón Castrejón, quien también me platicó algunas experiencias. Lo que el Bekes espera del Bar Pluma Blanca, como concepto y establecimiento, como local, cantina o negocio, con la misma o nueva administración o ubicación, es que pueda conservarse el aspecto cultural y multidisciplinario y que en el espacio se sigan compartiendo la diversidad de expresiones artísticas que se han presentado por más de tres décadas.

El informante anónimo recordó que el recinto comenzó a convertirse en un lugar contracultural en la segunda mitad de los ochenta y con más énfasis a principios de los noventa; su cercanía con la universidad obligó a abrirle las puertas a universitarios, en su mayoría maestros y alumnos. En esa época, la cultura popular había alcanzado prestigio académico, muchos que la abrazaban y que formaban parte de la academia dijeron “Es nuestra hora, vamos para allá”. Uno de estos líderes proclamó: “La cultura de Hermosillo se hace en el Pluma Blanca y no en el Instituto Sonorense de Cultura”.

En 1993, el Pluma, como cariñosamente se le conoce, ya estaba invadido por universitarios, artistas, pintores, entre otros personajes creativos, como un Batman hermosillense frustrado de no poder luchar contra la criminalidad y la propia depresión lo obligaba a ir al Pluma y así tomarse una caguama para aliviar sus penas. Antes de eso, como comentó el Doctor Holguín, había puro teporocho, alcohólico que parecía indeseable y los llamados “columpios”, personas que llegan y se sirven de tu caguama sin pedir.

Roots, Reggae y Ska

El Colectivo Más Humanos (2002) estuvo inicialmente conformado por la invitación de Raúl Retana Buitimea “El Greñas» como vocalista; Alejandro Tabera Meza “El Pelón» en la batería; Fernando Escobar El Gori y el Bekes en el bajo. “La idea era hacer un colectivo y fue la primer banda consolidada como reggae en Hermosillo”, comenta Roberto Ortega, el Betín, a través de una entrevista realizada por mensajes de audio. “La invitación creció y se integró Fernando Gim, actual guitarrista de Los Vecinos Incómodos”.

Después de los primeros ensayos, ocurridos entre el 2002 y el 2003, cuando la banda ya estaba formada, invitaron a Betín, trompetista hermosillense con actual residencia en Xalapa, Veracruz, a integrarse. En ese momento se comienza a formar la segunda alineación: El Lupillo en percusiones y coros e Igael González el Trolas también en las percusiones; Miguel Ángel Favila en el trombón, y el llamado “José José de Hermosillo”, mejor conocido como Ramón Castrejón, en el piano; junto a Carlos Reyes, guitarrista y actualmente músico de orquesta en la CDMX.

Hubo también otras participaciones de poca duración como el Paskual en el bajo y una que duró dos semanas. Para el año 2004, el grupo estaba conformado y sólido con sonido reggae, con letras de amor y desamor, en idioma yaqui y seri. La mayoría de las canciones con el sabor indígena libertario de los pueblos; con la filosofía de querer con desapego; de vivir la emoción pero sin ataduras y otras sobre el terrorismo en los territorios palestinos ocupados.

Es un grupo que produjo música durante algunos años, con el cual el Betín y el Bekes están muy conformes y les sería un honor retomarlo.

“Es un proyecto pendiente y me gustaría grabar algunas canciones o por lo menos, hacer una tocada en la ‘H’, y ahora sí hacer arreglos. Entonces ya podemos mejorar muchas cosas”, aservera el Betín.

Algunos miembros pretenden continuar con el colectivo, sin embargo, nadie sabe con certeza qué podría pasar con la agrupación pues cada integrante tiene sus proyectos. Por ejemplo, Alex Tabera el Pelón (el baterista), uno de los más activos del movimiento, continúa creando música reggae en Guadalajara, Jalisco; el Gori en el movimiento de la música electrónica; el mismo Bekes participó en La Malilla y La Banda Sonora (2004) que se presentó en el FAOT en Álamos, Sonora, y otros eventos relevantes organizados en la ciudad.

Para muchos resultó ser un proyecto que marcó la pauta para que pudieran continuar en la música. Otros siguieron con sus planes de vida o profesiones de sociólogos, psiquiatras, psicólogos, músicos, burócratas.

“He participado en otros proyectos musicales, pero no he entrado de nuevo al reggae porque mi corazón se quedó con los Más Humanos” afirma Bekes. Cuenta que no tiene duda en algún momento poder acudir nuevamente al reggae como una expresión y como género ya que ha experimentado con diferentes y es con el que se siente más identificado.

“Hay muchas cosas que hacer a nivel personal, proyectos familiares que tiene cada quien. Después de veinte años, todos están en otro cauce, pero por mí estaría encantado de revivir la música de Más Humanos o cualquier otro proyecto de reggae en Hermosillo”

Se han intentado hacer reuniones y revivir a la banda, sin embargo, la disponibilidad de los integrantes no es del todo posible; hay quienes expresan “tener que superarla” y dejarla en la historia con todo y el nombre y las rolas que se hicieron.

Hubo otras referencias a este tipo de música como los López Pérez y otros más, con segmentos de sonidos roots haciendo uso de muchas percusiones, cencerros, y tambores, pero no exclusivamente con el ritmo que caracteriza al reggae. Siguen existiendo y naciendo otros grupos, “pero hace falta regresar a las raíces con el Colectivo + Humanos”.

Uno de los primeros eventos organizados por el colectivo tuvo lugar en el Pluma Blanca, en donde se presentaron Stress con su hardcore extremo y la banda de ska-hardcore Mala Kalidad. Fueron ellos los primeros en organizar una tocada de este tipo en el bar. Las paredes todavía no las cubrían con murales. Más adelante nacería el proyecto Festival de Murales del Pluma Blanca. Afirma el Betín que ese entonces la mayoría de las personas que él veía eran maestros y algunos personajes de la ciudad.  Los bailes y las presentaciones de música que se hacían eran del género norteño o trovadores o taca tacas que estaban de pasada o ponían la rockola.

“Fue algo locochón, pero nosotros fuimos los primeros en organizar una tocada de rocanrol. Que por cierto entraron los militares y se querían llevar a la banda…estaba tan lleno que no pudieron entrar…”, comenta el Betín.

El Bekes dice recordar y tener el flyer de esa tocada que “estuvo de pelos”. Hay videos pero no están editados para publicarlos. Hubo otros eventos importantes organizados en la UNISON, pero particularmente en esa tocada el público recibió muy bien la canción con nombre Palestina.

No sabíamos que el público ya se sabía la letra, no teníamos idea de cómo la gente respondería a esa canción y a otras, pero viendo las expresiones dijimos “lo estamos haciendo bien”. Estaba sucediendo. Estábamos capturando la esencia de lo que es no solamente reggae como género musical, sino la expresión de inconformidad y rabia ante una situación que muchos sabemos que está ocurriendo.

Ramón Castrejón recordó haber encontrado unos dólares afuera de la tienda Sanborns y no dudó en comprar un pedal para cambiar el sonido de su instrumento y lograr un ruido más psicodélico para ese evento.

El Bekes está convencido de que con la actitud y el pensamiento acompañados de la música se puede hacer la diferencia, demostrar inconformidad, y generar energía en contra del exterminio humano justificado con ideologías y religiones en Palestina; y que los músicos de reggae y el rock son importantes para repudiar la masacre de niños, mujeres, ideologías, creencias, hogares, familias, trabajo.

“Y eso fue hace 20 años, estaba calmadito en comparación de cómo es ahora, y está el exterminio a todo lo que dá ante el silencio de mucha gente, de muchas naciones que se suponen son poderosas pero el único poder que tienen es de ignorar y la grandeza de la estupidez de no saber qué hacer, porque al final de cuenta son políticos lo que manejan todo eso, no es la gente la que decide la matanza”

Más Humanos tuvo otras presentaciones en diferentes sitios de Hermosillo. Una de esas fue en el 2003, un día lluvioso del mes de noviembre, en el Festival del Sol, organizado por el Patus y su compañera Brenda “La Capi”, el cual consistió en una serie de eventos artísticos multidisciplinarios con música y malabares en el museo Emiliana de Zubeldía.

Los murales del Pluma Blanca.

A decir de Luis Domínguez, el proyecto de murales surge con el nombre Efímeros, que se realizaba en la sala de arte Manuel Romo y consistía en pintar todas las paredes para el otro día blanquearlas nuevamente y volver a empezar con otras intervenciones.

Dos años después a alguien se le ocurrió intervenir los muros del Pluma, y desde esa ocasión, el Bekes comenzó a organizar a los pintores y gestionar materiales para hacer otras pinturas, sin censura, con la única regla de no tratar temas que reflejaran violencia; la iniciativa estuvo relacionada con Efímeros hasta que hubo una pugna por el nombre y optó por ponerle Festival de Murales Pluma Blanca, lo que significaba intervenir y borrar las obras al paso de un año. Durante 20 años se hicieron alrededor de 500 a 600 murales, con 30 pinturas anuales y 60 artistas (Venecia Lopez, Chuy Grijalva, Kuizi, Maestro Pablo Esquer, El Carretas, entre tantos otros) y personas que no necesariamente se dedican al arte “porque no se querían morir de hambre”, quienes hicieron pequeñas participaciones; con el apoyo del Instituto Sonorense de Cultura (ISC).

“Este último año fue muy poco lo que apoyó la 4T o ‘esa onda’. Fue poco, pero lo suficiente para pintar algo”.

“Siempre hubo esa invitación a gente que tiene corazón de artista pero que tienen que vivir una realidad que para ellos tiene que ser así. Pero pues, cada quien, ¿no?”

En los últimos años, mucha gente se interesó por el lugar. El compositor y cantante mexicano Jaime López; la escritora y periodista franco-mexicana Elena Poniatowska; integrantes de la banda Maldita Vecindad; entre otros personajes importantes que gustaron del lugar con un concepto que ya se ha visto en el sur del país, pero que acá en el norte no se acostumbra.

En una ocasión llegaron unos gringos y europeos y les gustó todo. Comentaron que lo querían replicar en “gringolandia”, Europa y Alemania. Fue como una muestra de Estados Unidos y Arizona para conocer la cultura sonorense y les tocaba venir, les encantó el concepto de espacio público dirigido para la intervención artística de la gente común.

Para Bekes, lo más importante es resolver la duda sobre qué depara al Pluma blanca como lugar de expresión multicultural como lo ha sido los últimos 20 a 30 años.

“…si no, pues vamos a movernos para otro lado, si el encargado del pluma se mueve aquí cerca creo que lo vamos acompañar, vamos a hacer algo ahí, si no se da nada de eso, nunca falta donde hacerse ese tipo de eventos”

Más allá de solamente presentar música, pintura y poesía, se trata de resistir a través del arte y ofrecerlo a la gente que no tiene acceso y por el deber de trabajar no tiene tiempo o los recursos necesarios para asistir a una galería, teatro, concierto musical, pueden venir aquí para alimentar un poco o mucho de la necesidad de consumir arte.

“El arte es importante, siempre se va a hacer, ya sea 1500 años atrás o enfrente, el arte siempre será una excusa para proyectar nuestro mundo interno, expresar y conectarnos”.

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