
por Heriberto Duarte
Ha aparecido diciembre otra vez en el año y la gente pone el arbolito navideño. En las esferas que cuelgan de esas ramas algunos ponen los nombres de sus familiares, como parte de una moda decorativa: papá, hermanos, abuelos, hijos, el bebé que viene, el que no llegó, el perro, el gato. Los nombres propios y los apodos, entre los foquitos de colores.
Así también se coleccionan fotos, estampas, ropa vieja, boletos de pasajes. Universos que almacenan historias: calcomanías en la memoria, parches en la casa-corazón.
Ha aparecido diciembre otra vez en el año y con el primer día del mes, esta plaquette de Mamborock, la editorial que dirige Carlos Sánchez. Y que entre su lista de títulos, explora desde su aparición, la apuesta por tirar también este tipo de ediciones.
En este artefacto de literatura, María de Jesús arroja desde la crónica, tomando como armas la memoria y la anécdota, seis historias íntimas, familiares y escritas desde una mirada cercana.
Es así como podremos encontrar en Fuegos pirotécnicos, un vistazo que ronda los barrios de Hermosillo y la travesía por la frontera, con el pretexto de contar la historia del Gera, el cien por ciento chingón. Una pluma que pica duro hacia el fondo del alma, para contar las luces y sombras de un panadero y boxeador. Un maullido que se agota. El despojo de la vida privada para tenderla al sol. La cadencia de seguir el caminito del deseo.
Ha aparecido diciembre otra vez en el año y bajo el brazo de María de Jesús Haro Campos, esta colección de estampas de la memoria, de esferas en el árbol con los nombres de la familia. Un regalo impreso como anécdotas que se cuentan infinitas alrededor de las fogatas y del recalentado. Una canción de amor, por los instantes que le han marcado para siempre y que hoy se arrojan al cielo para romper oscuridades, en forma de fuegos pirotécnicos.






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