por Bárbara Huipe

Para filosofar una tarde, o una noche de sábado, o una mañana de miércoles: Un espacio de 48 páginas para revisar las experiencias de toda una vida. Las gratas y las aciagas; las nostálgicas, las esperanzadoras; los sueños que no fueron y los resultados inadvertidos; la fiebre adolescente y el remanso que se alcanza con la madurez; el profundo amar y el arrebato carnal; el rock y el blues. Así se siente Para filosofar una tarde. Una obra cuya principal virtud es su capacidad para hacer sentir al lector, o tal vez sea más apropiado decir, reflexionar sobre su sentir.

Este compendio de textos breves, reflexiones sinceras sobre momentos que son coyunturales en la vida humana: la partida de alguien cercano, el despertar a la vida adulta, la pérdida o el encuentro del amor, permite hallar en sus páginas consuelo ante el dolor, complicidad en la euforia y compañía en lo cotidiano.

Debo confesar, que hace un par de meses, cuando Jesús me contó sobre su libro y me invitó a ser presentadora, me sentí un poco agobiada, pues ¿qué podría decir esta pobre incauta sobre la filosofía, una disciplina que en teoría me es ajena?

Al adentrarme en la lectura, me percaté de que ese primer recelo que sentí correspondía sobre todo a mi prejuicio, ése que tantas veces nos frena ante tópicos a los que les colgamos un halo de misticismo para autoexcluirnos. Descubrí en las páginas de esta obra un diálogo amigable, muy similar a los que a menudo tengo con personas cercanas, inclusive conmigo misma, sobre cómo transcurre la vida, cuál es el sentido de los eventos y de las acciones comunes.

Como toda obra que merezca ser leída, Para filosofar una tarde me interpeló. Me hizo plantearme preguntas: ¿Qué sería la vida sin este tipo de reflexiones, sin las ideas, sin la preocupación por la razón? Al buscar una respuesta a esta interrogante, imagino un mundo habitado por autómatas que lo deambulan, que no dimensionan sus acciones como parte de un todo, de la historia, de la sociedad.

En un momento histórico marcado por el genocidio, esta obra me hace cuestionar ese lugar común que señala que “al mundo le hace falta amor”, y me pregunto si más bien no le hace falta filosofía. Luego, me acordé que incluso en la educación media superior la filosofía ha desaparecido como asignatura. ¿Qué tal si quienes tienen la rienda del mundo en este momento entendieran que la historia humana es apenas un parpadeo y que ante la inamovilidad de la existencia, en realidad no son los amos del universo? ¿Dejarían de perseguir la inteligencia artificial y comenzarían a usar la razón natural?

Quienes nos reunimos hoy aquí somos privilegiados por poder dialogar con el autor, una ventaja que los clásicos no nos ofrecen. En mi caso, le reclamaría que por momentos me haya hecho sentir esperanza, cuando yo estoy tan satisfecha con mi visón pesimista del mundo. Fuera de broma, es importante aclarar que la obra del amigo Pinzón en ningún momento intenta ser una versión romanticona y edulcorada de la experiencia humana. Yo la describiría más bien como una fotografía, pero una de las de a de veras, capturada en material fotosensible, sin filtros, sin retoques; un documento impreso en papel que pretende preservar un cacho de realidad, contar una historia y conversar con el observador.

Mientras leía pensé en cómo con los años ha cambiado la percepción que tengo de mi misma, cómo evolucionó mi opinión sobre la maternidad y la paternidad, cómo he construido mi visión sobre el amor, cómo me he formado un juicio sobre los problemas sociales. Todas estas reflexiones han sido posibles gracias al intercambio de ideas con personas de todo tipo: docentes que dejaron una impresión positiva en mí, la amiga que han sorteado obstáculos toda su vida, el amigo que me acompañó la tarde que tenía el corazón roto, las personas queridas que son un faro en momentos difíciles.

Por todo ello, enhorabuena, Jesús, por esta obra, por poner en papel pensamientos que tarde o temprano terminan siendo cantera en la edificación de otros. Para filosofar una tarde es un buen inicio para filosofar toda la vida.

*Teto leído en la presentación que se efectuó el 08 de abril del presente en CRESON.

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