por Alejandra Meza

Cuando recibí la versión digital del poemario Liebre, comencé a leerlo inmediatamente, movida por mi gusto por la poesía, pero también por la curiosidad porque, efectivamente, al enfrentarnos a la creación literaria de nuestros seres queridos, conocemos capas de su persona que no habíamos percibido antes a pesar de los años y las pláticas compartidas.

El título fue lo primero que me dio curiosidad, pero no me detuve a pensar en alguna hipótesis, simplemente me entregué a la lectura de la obra poética de Alma Yolanda Sánchez Gutiérrez, nuestra querida Yoli.

Muy pronto, quizás ya en el segundo poema, tuve el siguiente entendimiento: los versos de Yoli, los poemas de Yoli, en tanto universos dichos por primera vez, me estaban sacudiendo el alma de forma sorpresiva, como te sorprende una liebre que salta por el campo mientras observas el atardecer, sin asustarte, simplemente capturando tu interés, enriqueciendo la experiencia contemplativa.

Y así fui saltando de poema en poema conociendo más a la Yoli, o bien, al yo poético por ella creado: por un lado, temas como el rechazo a la ambigüedad y las tibiezas, la consciencia sobre la muerte, el miedo a la rutina y el miedo al odio, pero por otro lado la expresión abierta del deseo por el otro y la voluntad de ponerle brillo a la vida mientras estamos vivos.

Es gracias al lenguaje que los humanos podemos comunicar lo que nos preocupa, lo que nos emociona, lo que sentimos, pero son las y los poetas los únicos capaces de usar el lenguaje para transmitir eso que nos hace humanos de forma diferente cada vez.

En el poemario Liebre, constaté una vez más esa capacidad de Yoli, pues ya había conocido su narrativa en “Abrazar un árbol”. No obstante, en sus poemas además confirmé su profundidad y su sensibilidad.

“Frasco”, “Ocaso”, “Liebre”, “Cactus”, “Tengo miedo, mamá” … son los títulos de algunos de los poemas, términos que, a pesar de su aparente sencillez, en manos y palabras de la autora abordan verdades profundas.

Estoy muy agradecida de trabajar en un lugar donde de vez en vez se abren paréntesis para la lectura y la escritura creativa, y de los cuales surgen publicaciones como la que hoy nos ocupa. Estos momentos son un oasis en la avalancha de trabajo que es la administración pública.

Muchas felicidades a todas las y los compañeros que lo hacen posible. Y en especial a Yoli, larga vida a tus creaciones. Y que vengan muchas liebres más.

*Texto leído en la presentación de Liebre

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