
por Yolanda Sánchez
En las páginas de Rancho Viejo, Siria Montijo Gracia no solo escribe un libro; construye un santuario para los recuerdos.
A través de una prosa sensible y evocadora, la autora nos traslada a un rincón del desierto de Sonora donde el tiempo parece detenerse bajo la sombra de los mezquites y el aroma de los limoneros.
Este libro es un testimonio vivo del ejido Rancho Viejo, un patrimonio fundado en 1936 donde las familias echaron raíces tan profundas como los árboles que rodean sus casas de adobe. Montijo Gracia rescata del olvido las tradiciones que dan identidad a su gente: desde el olor a capirotada y los chifletes de los fariseos en Semana Santa, hasta las cabalgatas del día de San Juan y las luminarias que guían a las almas en el Día de Muertos.
Con una mirada que viaja desde la infancia hasta la madurez, la autora nos presenta personajes entrañables que son pilares de su historia familiar y comunitaria. Conocemos al «Tata Prieto» y sus dulces de barrilito, a la «Nana Lucina» con su rebozo oscuro y su sabiduría de partera, y al «Kily», su padre, un hombre libre como el viento cuyas bromas aún resuenan en las calles de tierra del pueblo.
Rancho Viejo es también una reflexión sobre el cambio y la permanencia. Mientras las familias jóvenes emigran y algunas casas caen ante la soledad, las palabras de Siria permanecen para asegurar que la historia de su ejido no desaparezca. Es un libro sobre la importancia de la reunión de los amados y el núcleo familiar como el resguardo último del cariño.
Les invitamos a recorrer estas calles sin nomenclatura oficial, pero bien grabadas en la memoria, donde cada esquina tiene un nombre y cada rincón guarda una anécdota. Rancho Viejo es, en última instancia, un acto de amor filial y una celebración de la vida rural sonorense en toda su sencillez y esplendor.
Muchas felicidades, Siria!
*Texto leído en la presentación de Rancho Viejo, en Centro Regional Profesional Docente de Sonora (Creson)




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