Federico Ortega

Cárcel, prostitución, discriminación, drogadicción, narco, desaparecidos, migración, temas non gratos. Aquí no se abordan como un noticiero, aquí la nota la dan quienes la generan y sufren, todo sucede en un clima de más de 45° C.

Impresionante recopilación del “Gore”, ¿no intencional? Del barrio sonorense y similares, por eso trece lecturas tenían que ser.

Carlos Sánchez, el autor, nuestro escritor, reportero, ni le pone ni le quita, y el diablo por eso le da quita, ya “el rojo” le perdonó años de infierno, esto por relatar el castigo no merecido de sus personajes, castigo al que son acreedores por nacer en el barrio, unos en el vuelo, otros ¿más afortunados? aterrizados, unos con vicios y otros soportando a los viciosos, los desaparecidos y quienes siguen esperándolos, todos relatan, sin “pincitas”, su realidad.

Sin tregua, como buen fajador de las letras, nuestro escribano va de frente con el relato, dándonos luces sobre lo que no vemos, ya sea por el privilegio en que hemos vivido es que nos lo hace invisible, o bien, por haber carecido de él y no querer recordar ese tiempo en el barrio.

Golpe a golpe de letra, nuestras defensas caen y nace la necesidad, el morbo de conocer en qué terminan todos estos ¿finales felices?

Están sobrevalorados, parece decir la realidad. Igual la esperanza se escurre y la mariposa echa utopía mantiene en pie a los personajes de Morir a los veinticinco (colección Extra-editados 2024, BUAP) que no es ficción, que es relato, que es crónica, que es literatura.

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