—por Gustavo Mazón
Nadie sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido, pregona por ahí un dicho sin dicha. Pero nosotros sí sabíamos muy bien lo que teníamos y aún así lo perdimos, duele esta ausencia veraniega.
Sabíamos que era el fin pero no lo vimos llegar, o más bien, no quisimos verlo llegar. El ultimátum de cierre ya estaba sentenciado. En el último mes nos aferramos a los últimos respiros de Hypatia traducidos en días de remate librero, carnes asadas, proyección de La Chora Cineclub Itinerante, festejo de mi cumpleaños, y largas y sustanciosas tertulias. Solo cuando vimos sus cuartos y anaqueles vacíos nos dimos cuenta (amiga, amigo, date cuenta) que Hypatia ya no estaría con nosotros. Ya no sería ese refugio “Josealfredezco” alejado del bullicio y de la falsa sociedad que tanto bien nos hacía.
Esto empezó el 14 de febrero del 2020, cuando Hypatia dejaba de ser vecina de la estatua de Abigael Bohórquez en el Centro para mudarse a la 5 de Mayo, y así iniciar su nueva temporada. Esa noche abrió sus puertas una velada con tintes caborquenses, donde como preámbulo se oyeron poemas de Abigael, el escritor Miguel Manríquez leyó unos textos, yo presenté mi libro de MiniFREAKciones, dos piñatas pusieron ambiente y para cerrar con broche de oro, la súper presentación del único profeta en su tierra, el inigualable e incansable Pistolero del Amor.
Fue una noche cómica, mágica, musical donde los presentes oyeron a viva voz las anécdotas, y se deleitaron con las canciones de éxito del cantautor caborquense. Asimismo, nos divertimos firmando una piñata con forma de falo tamaño persona, convirtiéndola en el testimonio de esa inauguración, la otra piñata que representaba a un corazón gigante no corrió con la misma suerte pues fue molida a palos sin compasión, asunto que dejó un interesante mensaje siendo ese el mero “Día del Amor y la Amistad”.
Al principio comenzó un tanto trompicado el evento, las dos personas que presentarían mi libro no pudieron asistir a última hora, así que tuve que rifármela solo y empapar un poco a los oyentes con mis minificciones. Además, tenía la confianza de que pasara lo que pasara con mi presentación, El Pistolero del Amor salvaría la noche; y así fue.

La convivencia estuvo excelente, al terminar todos nos fuimos muy satisfechos de lo vivido, de lo convivido y de lo bebido. Responsablemente dejé mi carro ahí y me fui en taxi a mi casa. Para sorpresa mía, un tunante protegido por la oscuridad logró burlar la barda, le dio un cristalazo a mi auto y pegó un atraco. El truhan logró llevarse una caja que lamentablemente para él y para mí, solo contenía 4 cervezas artesanales y los libros de MiniFREAKciones que me habían quedado; y no la bocina que la foto de dicha caja prometía. Pero al final lo tomé con optimismo, ahora puedo contarme entre aquellos poquísimos autores a quienes, como a Bukowski, han robado nuestros textos. Mi libro pasó a ser una leyenda en el robo de arte (insertar sarcasmo por favor).
Semanas después vino la pandemia que tanto caos causó y costó. Pero aún así Librería Hypatia sobrevivió y sobrebebió. Supo adaptarse a la situación, vender libros por internet y enviarlos a domicilio, hacer rifas y dinámicas vía redes sociales. Conforme se fueron calmando las cosas volvió a abrir sus puertas de manera normal, y a tener eventos con las medidas restrictivas que marcaba la emergencia de salud.
En Hypatia fue mi único acercamiento a la poesía. Los textos más cercanos a los poemas ahí los escribí (no sé si lo sean, pero sí son lo más alejados a la prosa que acostumbro). Gracias a los talleres y cursos que constantemente tuvieron a bien impartir.
También fue un desfile de presentaciones de libros, donde varias autoras y autores me autografiaron su obra; y después de leerlos mi admiración creció aún más. Hypatia algunas veces fungió como mi oficina itinerante, no es que anduviera perdido, solo andaba errante. Incluso, en un Bazar, mi hermana y yo nos aventamos a la venta de Papas Rellenas y Tacos de Carne Asada. Fue una chinga prender el carbón a las 3:00 p.m. del hiriente verano hermosillense y atender a más de cien clientes. Terminamos exhaustos, pero con una gran satisfacción y gratificación.
Participé en dos Foros de Babel como patrocinador, como ayudante, en logística, en lo que se ofreciera. Esos foros fueron una muy grata experiencia. Conocí a grandes escritoras y mejores personas como Karina Ochoa, Quya Reyna, Nadia López, Adriana Montenegro y Violeta Hernández. Dichos eventos tienen su propia magia, son envolventes, y se respira un ambiente que te arrastra a pasarla chilo, un mar de buenas vibras. Una burbuja donde te alejas de la cotidianidad y cargas pilas para seguir luchando en un mundo cada vez más caótico. El evento perfecto para un mundo imperfecto.
Hypatia siempre fue un lugar diferente. Conocí y coincidí con personas bien chilas. Inclusive hice varias amistades entrañables. Saludos a Paco, Picot, Ana, Andrea, Isela, Martín, Rodrigo, Beto, Alex, Aziz, Adrián, Igmar, Michel, Mariú, Pedrito, Bárbara, Bernardo, Hiram, Abril, La Pepé, Emmanuel, Limón, El Chuy, David, Karitza, Servando, Javier, Alba, Muna, y una disculpa si omito a alguien, a mi edad la memoria a veces flaquea. Más que un grupo con características similares éramos una hermandad, una extensión de la familia.
¿Cómo muere una librería? pues cuando se queda sin libros, sería la respuesta obvia. Lo bueno aquí es que fue ese espacio el que pasó para la librería: ahora muta, se transforma y renacerá. Nuevos proyectos se avecinan. Sus libros vuelan, sus letras estarán escribiendo otra historia. Sólo que ya no en ese lugar.
Hypatia en esencia sigue viva, sigue respirando en cada módulo de libros esparcidos por algunas casas de Hermosillo. Dichos hogares se impregnan de todo lo que fue Hypatia, de toda su fragancia, de sus letras, de su amor, de su magia, de su poesía, de su espíritu libre, de su rebeldía.
Como dice el trillado dicho: no será un adiós sino un hasta luego, y como en las buenas sagas siempre vienen capítulos posteriores. Quizá Hypatia nos tenga reservado algunas sorpresas para el futuro. Pero eso ya se irá dando; por lo pronto en octubre nos vemos en el Foro de Babel en su tercera edición.
Estoy seguro que Hypatia será una de las mejores etapas de mi vida. Por haber coincidido en ese grandioso espacio con personas excepcionales. Vivirán en mi corazón y en mi hígado. No quiero llorar pero se metieron unos buenos poemas en los ojos… hasta la literatura siempre.






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