
Texto y foto: Esthela Pereyra
¡Qué importa que haya entendido poco! ¡Qué tiene que llegara a integrarme un día después de iniciado el foro! Aquí nadie está excluido, porque en este evento, todas, todes, todos son la ley.
Estos días de marzo, en honor al poeta Abigael Bohórquez se llevó a cabo el foro de creación “Digo lo que amo” en su edición #2. El nombre tiene su origen en el poemario del mismo título realizado en 1976, del cual por mucho tiempo no se encontraban ediciones impresas, según nos contó el investigador Gerardo Bustamante, experto y gran promotor de la obra del marginado poeta caborquense. Este año, “El Bate” cumplió 90 y el festejo, ahora sí, fue en Caborca.
La mente creadora de este festival es el gestor y pluma crítica: Paco Alonso de la librería Hypatia. Paco convoca, convence, alborota. Contagia a participar a artistas diversos. Esos que juran no saber a lo que vienen pero todas, todes, todos, llegan preparados con ponencias, performances, libros publicados y premiados. Bien profesionales, pues.
¿Y de qué va el festival? De generar un diálogo. La cultura no se produce, la cultura se crea. Por ahí escuché: no hay respuestas malas. En las mañanas, arropados en el idílico Café Paralelo 30/45, nos regalaron talleres dinámicos, un lujo. Juan Izaguirre, Ana Emilia Felker, Alicia Hopkins, Michell Giovani, entre otros, soltaron reflexiones sobre la estética de la vida cotidiana, sobre el dolor en este mundo que queremos, sobre el placer, la indiferencia y la repulsión. Por las tardes la energía se agrupó en la Unison, en su Centro de Convenciones: charlas, performances, presentaciones de libros, un monólogo, un baile. Tiempo ameno de risas, asombro y lágrimas. Sí, también. Estos regalos al alma y al goce estuvieron a cargo de los antes mencionados más: Renée Gerardo, Ramsés Chaira, Daniel Borbón, Gerardo Bustamante, Kelly Key, Alina Zapata, Fabiola Palacios, Aziz Córdova, Alán Santiago, Luis Carlos Chávez, Carmelita Guzmán y Fabiola Palacios.
Las noches se las debo, esos festejos seguro fueron fuente de ideas transformadoras. Imagino perfecto a los creadores en este diálogo con frases pronunciadas por ellos durante las charlas y anotadas en mi cuaderno:
—Si nunca fuimos modernos, ¿qué nos pasó? —diría Giovanni.
—La poesía es otra manera de ver el mundo —soltaría Azíz.
—¿La disciplina es la dominación del ego? —reflexionaría Ana Emilia.
—A mí tampoco me dijeron que con los libros podemos ser libres —concluiría Alina.
—Nadie enseña a nadie, entre todas, todes, todos sabemos todo —remataría Alicia.
—La educación cambia a las personas que van a cambiar al mundo —¿quién lo dijo?
—Que viva el ser humano dispuesto a transformarse —diría Kelly.
—¡Qué delicia la carne asada y las quesabirrias! —corearían.
Sí, ya la sabemos, cargamos con la fama por ya saben quién. (Hablo de ti, Vasconcelos).
Dijo Ana Emilia Felker (gracias por venir, crack tú):
—En Sonora, en el desierto de la che, she (Dr. Acosta, sé que has dicho que no debemos hablar golpeado, ni arrastrando letras, perdón, parece que no entendemos) al estar lejos del centro, cuesta más trabajo pronunciarse.
Le pasó a Abigael: estar lejos del centro, el destierro, la marginación. ¿Sigue sucediendo? ¿Podrá entonces Caborca regenerarse como polo cultural? ¿Tú qué dices, Paco? ¿Estaremos cerca de la venganza de Abigael?




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