
por L. Carlos Sánchez
El escritor mira hacia su interior, el repaso de los días, lo que su pluma y pensamiento decantan y desde ahí la construcción de sus historias para ponerlas en la mirada de los otros.
Es necesaria la pausa, luego de las muchas lecturas, luego del cúmulo de historias que firma en diversos libros, suplementos, revistas.
En esa pausa la reflexión, con detenimiento, como a cuenta gotas el reloj, para saber qué reunirá ahora pensando en el lector. Y de pronto ya está, como un juego al azar, la selección pormenorizada. Para salir del paso.
Para salir del paso (MAMBROCK 2025), se titula el nuevo libro de Omar Gámez Navo, ese chavalo que atestigua y comparte una época como parteaguas en su vida y en la nuestra.
No habrá un perdón, pero sí un olvido sobre esa soga que un día asfixió la vida de uno de sus compas, El Tapis, y un responso para Anita la chiquilla que vendía tamales y un día se esfumó entre los matorrales, de la mano de la desgracia, de ese hombre señor abusivo que por infortunio del mundo la divisó con su pasito tal vez despreocupado e inocente.
En este tenor se edifica el contenido del libro, el filo de la pluma contra el pecho, las crónicas que punzan en las sienes y descienden hacia el estómago, aunque por momentos el autor nos dé la oportunidad de salir a respirar, con algunas entregas poco más amigables, por decirlo de algún modo, luego regresa a la nostalgia, la vida puesta en ese horizonte donde un haz de luz ya naranja, ya colorado, ya lleno de neblina, nos provoca la empatía y el deseo de saber que, en otra parte, en otra vida, otras historias.
Pero está bien, el escritor sólo cumple su función de mensajero de su hora y su momento, de esos años de infancia-adolescencia-juventud en los que su pupila y entraña padecen la contemplación – interpretación que se dimensiona distinto al común denominador. Hay la nostalgia por esos huaraches de tres puntos que alguna vez calzó durante los días de recorrer la tierra de su pueblo: Navobaxia.
Cuán importante y digna se vuelve la franqueza. Como un recital que se posterga porque en él es necesario la inclusión de esos personajes y personalidades que le han acompañado y marcado su vida para siempre. El escritor es generoso y desde esa capacidad de sentir es que nos brinda a los lectores un regalo fragmentado de los días, sus días que se vuelven nuestros.
En Para salir del paso hay periodismo, poesía, relato, crónica. Una amalgama que dicta la libertad del género límpido e híbrido, el deseo constante de contar. Contar una y otra vez, con esas voces que se imbrican dentro de su ser, la herencia de las lecturas, porque una vez Rulfo, luego Eusebio Ruvalcaba, más antes Norma Alicia Pimienta, y vinieron después sus contemporáneos para ponerle libros sobre sus manos.
Omar Gámez Navo es dueño de su propia voz, y regresa con un golpe generoso sobre la mesa, para decirnos aquí sigo, en la constancia y el deseo del oficio de escribir.






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