
por L. Carlos Sánchez
Es habitar las emociones de un jinete. El cuerpo: un mapa de la mente. Y está allí: en pleno corazón de las miradas. Cuán valiente es lanzarse al ruedo. Y sostenerse de la soga compuesta por los hilos de los años.
Manuel Ballestero celebra el Día Internacional de la Danza como la anticipación al Día del Niño. Se deja ir en un baile despreocupado y por demás entrenado. No obstante, cada una de las funciones implican un laboratorio irrepetible.
La noche de anoche el teatro mutó hacia un centro de convenciones. Y el Meño alzó la voz en su paródica actuación hilarante-inteligente. Porque sabe que el arte es un bastión para criticar las banalidades y tropelías de la industria musical. Entre otras industrias.
Se abre el telón que es un decir porque siempre estuvo abierto. Y entonces un reptil acompaña los acordes del acordeón y tololoche (¿o bajosexto?), siempre como la primera vez: enjundia al construir en movimiento el más efectivo y gozo estético. Sólo mostrar la constancia en el cuerpo es ya un pronunciamiento del arte.
Sin tesón no habrá un viaje preciso y certero. Las campanas al vuelo nunca servirán de compañía. También lo sabe el buen Ballesteros. Por eso la lucha ha sido y es implacable. En honor al oficio, nunca dejar de moverse, asumiendo los riesgos de quienes se asoman por la ventana y desde su confort señalan a manera de prurito.
Hay divertimento, hay parodia, la mofa interesante, el decir, bajita la mano, lo que no se compra, aunque el recurso en escena sea el venderse. Una hora de actuación: la voz, el cuerpo, la música, los silencios, la iluminación, y el programa que encuentra cobijo también en las butacas como escenario.
Presente la vocación, el estilo que ya encontró, desde hace mucho, su rumbo. Presente la integridad familiar, la colaboración de los seres que se aman y se acuerpan en esto del decir la profesión: cantar-bailar-actuar.
Trescientas veces Nortearte. Y lo que sigue. Trescientas veces el movimiento de una búsqueda incansable, y gloria Dios, la permanencia del encuentro de las primeras veces otra vez. Siempre de vez en vez.
Los caminos son largos cuando se busca lo que se ama. Y se encuentra.




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