por L. Carlos Sánchez

Son el cúmulo de voluntades. La generosa empatía. Van de la mano del honor, recorriendo la vida como se recorren las calles. Puntuales acuden a la cita con la dignidad. Servir al otro, estrechar las manos, mirar de frente, es un acto de dignidad.

Ahora vuelven de su jornada, que se instaló en la Plaza de la Bandera, en Hermosillo. victoriosos. Ahora capotean el calor con un trago de agua, agitando el sombrero o despojándose de sus gorras. Toman asiento, la butaca de la Cineteca – Sonora les recibe también con generosidad.

El objetivo de hoy fue la recaudación de medicamentos para nuestros hermanos de Cuba. El río de voces se formó a cuentagotas, de uno en uno hacia los otros. Y las bolsas se llenaron de esperanza para atisbar hacia la mar y luego llegar a buen puerto. Nunca sabremos en qué mirada, en qué boca, hacia qué piel, desencadenará la voluntad de la colecta, pero algo sí es seguro: la isla estará provista de los alicientes necesarios para amainar la fiebre o la irritación en el interior.

Es la voz que dicta el inicio del próximo paso, durante el reposo: canciones por la soberanía. ¡Qué hable la música! Se abre el telón y desvela el ritmo de la alegría, el canto inteligente, la suma también de voluntades.

Bailar, cantar, con los versos contundentes de los trovadores cubanos, Silvio, Pablo, y otros tantos, los muchos que son todos. La bendita música, como acuñara el Nano Joan Manuel, ese lenguaje interior que emerge como mariposas de colores desde la creatividad.

Y estar allí, en la butaca en cuerpo, y el alma y el corazón en el territorio jamás aniquilado. Aunque lo intentaron y lo siguen intentando una y otra vez. La fortaleza auténtica es un bastión inmarcesible.

Cantar o tararear que los géneros se diversifican. La curaduría exacta que nos lleva de una historia a otra, de un ritmo a otro, siempre con la piel que se eriza ante el dictado de la emoción.

Encomiable, agradecible, la invitación a sumarse es la consecuencia de hacer un alto en la rutina y congregarse aliado a los otros que también palpitan por la causa de un bien común. Pensar en el otro, los otros.

La tarde se vuelve diferente porque la purificación del sentimiento estuvo y permanece latente cuando la palabra Cuba se nos adhiere como un tic tac dentro del pecho.

Si un niño sufre, si un anciano anda la vida sin luz, si a la ama de casa se le diluyen los ingredientes del menú en la memoria, la realidad nos pone de cabeza a todos.

Andar de nuevo, a la expectativa de la convocatoria, sumar nuestros pasos, nuestras manos, procede, porque: “No basta rezar, no basta rezar, hacen falta muchas cosas para conseguir la paz”.

Amo esta isla, soy del caribe, jamás podría pisar tierra firme, porque me inhibe.

Una respuesta a «Canciones por la soberanía»

  1. Excelente crónica, así lo vivimos. Y sí, desde nuestra más temprana infancia la palabra Cuba nos hace latir hermosamente el corazón.

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